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viernes, 21 de junio de 2013

Neji-Ten: Orilla de lágrimas




Capítulo 14: Cansancio


Neji perdió la cuenta del número de golpes que asestó al muñeco de hojalata con el que la tenía tomada. O quizás fuese más exacto decir, que descargaba toda su frustración en un recién convertido amasijo inidentificable de lo que pocas horas antes era una marioneta de entrenamiento.

Debido a su reciente necesidad de tener un heredero, hacía mucho tiempo que no ponía un pie en la escuela ninja que regentaba junto con Shino y Lee. Era increíble la cantidad de tiempo que había pasado inmerso en esta institución, escondiéndose de la vida pasada y de las miradas de los que un día consideró sus iguales, gente a quien respetar y que lo respetasen; pero se equivocó….como en tantas cosas.

Después de su separación con Tenten, aquellos que creía sus amigos comenzaron a mirarlo por encima del hombro, algunos con evidente desdén, otros con regocijo. Los únicos que no le dieron la espalda fueron Shino y Lee, les debía mucho, más de lo que pudiera sufragar jamás. Por eso eran personas tan valiosas en su vida, pero ahora ya no era el jovencito de 16 años que necesitaba consuelo, no podía recurrir eternamente a ellos, un Hyuga tenía su orgullo. Motivo por el cual un objeto de entrenamiento había quedado irreconocible bajo el peso de su fuerza.

Neji dio una última patada al monicreque antes de dirigirse hacia las duchas, pero fue una patada con ganas, con sentimiento, como si el muñeco de alguna forma le hubiese ofendido.

A medio camino escuchó una voz a sus espaldas.

-¿Problemas matrimoniales?

Tras él se encontraba Sasuke Uchiha, un gran amigo de la infancia durante el tiempo que moró en Konoha. Debido a que ambos eran prácticamente huérfanos y no se les daba bien eso de socializar, a menudo se encontraban en desiertas parcelas de bosque, y se entretenían haciendo tiro de kunais a diana. Poco a poco nació entre ambos una rivalidad sana y sin darse cuanta acabaron convirtiéndose en una especie de amigos.
Una amistad que por otra parte, había conseguido sobrevivir a la distancia que separaba sus villas. No eran frecuentes las visitas, pero se las ingeniaban para mantenerse más o menos al día de los respectivos planes del otro.

-No te imaginas ni la mitad –contestó.

Los hombres se miraron y dieron un par de pasos al frente para estrechar la mano del oro. Neji señaló con una inclinación de cabeza hacia los bancos cerca del vestuario, mientras Sasuke recorría con ojo avizor el interior del edificio; una sonrisa ladina no tardó en dibujarse en sus labios.

-Los rumores corren por toda la ciudad, he oído que Neji Hyuga y la princesa Tenten quizá estén reconciliándose, o puede que no.

-¿Reconciliándose? –Neji retrocedió y fue el primero en tomar asiento, forzando una postura tranquila- Lo dudo, se necesita a dos personas para iniciar una reconciliación.

-Visitando museos –pinchó el Uchiha- picnics y paseos por el monte Kurigayashi –se echó a reír- ¿besando a tu mujer, Neji? Llevándola de tiendas a comprar trapos juntos…eso me suena a reconciliación.

Neji gruñó y se enderezó aún más si cabe en el estrecho banco.

-Fue más bien una tregua temporal entre el clamor de la batalla. –Refutó- ¿Y tú qué demonios haces aquí?, si puede saberse.

Sasuke cambió de posición y se fue a sentar en otro de los pequeños bancos, uno que lo dejase de frente al ojiperla.

-Nada importante, a mi equipo le adjudicaron una misión por aquí cerca y decidí pasar a saludar a un viejo amigo, como ves todo un delito –rió por lo bajo- ¿Sabes? Tampoco es que sea muy difícil localizarte. Pero no cambies de tema, no te pega el papel del “ofendido”.

El Uchiha no se amedrentó por la gélida mirada que le lanzó el Hyuga, es más, continuó con su diatriba.

-He oído que habéis hecho más cosas que solo ir de tiendas. ¿Debo pensar que la tregua ha terminado y la batalla se ha enardecido?

Debería haber sabido que Sasuke no iba a dejar pasar el tema, le encantaba hurgar en las heridas de sus amigos.

-¿Acaso mi matrimonio es asunto tuyo? –espetó, poniéndose en pie, mirándolo fijamente, esperando que el otro hiciera el siguiente movimiento.

-No –dijo correspondiéndole la mirada- ¿acaso no puedes domarla, suavizarla y conseguir que vuelva con un beso o dos, eh?

Neji se giró camino a las duchas, se negaba a que lo provocaran.

-Aparentemente no –contestó.

-Te ha mandado al infierno, ¿no? -Sasuke sabía lo suficiente de mujeres como para que no fuera necesario contestar, y él tampoco esperaba ninguna respuesta- Cuando decidiste que necesitabas tener un hijo y te acercaste con esa idea, ¿qué pensabas que iba a suceder?, ¿creías que ella vería la necesidad de tenerlo? ¿Qué lo entendería y cumpliría con su deber?

-Cállate.

El Uchiha comenzó a reírse, parecía estar pasándoselo en grande.

-¿O quizá pensaste que tu mujer podría regresar a tu cama después de unas cuantas semanas de cortejó, simplemente porque eres un amante legendario?

Las burlas de Sasuke sobre los males de Tenten lograron sacar a Neji más aún de sus casillas. Se giró en redondo y agarrando a su amigo por la camisa le espetó: -¡No tengo esposa! No he tenido esposa durante siete malditos años.

-¿No? –incitó sin inmutarse por su posición- Entonces ¿quién es esa atractiva mujer morena que se hace llamar Tenten Uzumaki Hyuga? –Empujó con sus manos hasta desasirse del apretón, mientras que con una ágil maniobra intercambiaron posiciones.- Sabes a que me refiero. Esbelta, resuelta, ojos color caoba, una bonita boca. Creo recordar que te casaste con una mujer más o menos de ese aspecto hace unos siete años.


-Dos personas que viven en casas separadas y duermen en camas separadas no son un matrimonio- Neji se enervó y se deshizo del agarre- Es una broma, ¡ha sido una broma casi desde el principio y todo el mundo lo sabe!

-¿Una broma, Neji? No veo que estés riéndote. Parece que la broma te la estén gastando a ti.

Los dos hombres retrocedieron, cruzaron miradas y esperaron. El silencio se alargó durante varios minutos, tan solo se oía el sonido del viento contra las ventanas, el tic tac del reloj de pared y sus acompasadas respiraciones.

-Tengo una sugerencia que hacerte –dijo al fin Sasuke- te ayudará a hacer las paces con tu mujer.

-Llevas casado durante, ¿cuánto?, ¿unos siete meses? -replicó el Hyuga. Ahora era su turno para burlarse y dijo, riendo- Espera al menos unos años y después podrás darme algunos consejos sobre el matrimonio.

-Lo digo en serio, Neji. Escúchame, por favor. Sabes que no suelo interferir en los asuntos de mis amigos, pero tengo una sugerencia que hacerte. Puede que no te guste, pero quizá te ayude a que las cosas vayan mejor.

El ojiperla notó que la voz de Sasuke era sincera y eso despertó su curiosidad.

-¿Qué sugerencia es ésa?

-Dile a Tenten que quieres que seáis amigos.

Eso era absurdo, y lo demostró resoplando con sorna.

-Pensé que ibas a hablar en serio, ¿Tenten y yo amigos? ¡Qué idea!

-Lo digo en serio, hazte amigo suyo.

-Pobrecillo -dijo con una risa sarcástica- ¿Dónde has estado los últimos siete años y medio? Tenten me odia, así que estás loco si piensas que podríamos ser amigos alguna vez. En los ocho años que hace que nos conocemos, ella y yo hemos sido muchas cosas, pero nunca amigos.

-Entonces, con más razón deberías intentarlo. Además, a mí me funcionó. Sakura y yo fuimos amigos antes de convertirnos en amantes.

-Si eso es así, fue a pesar tuyo. Te conozco Uchiha, y tuvo que ser idea de Sakura.

-Lo fue, y admito que no me gustaba, pero al final fue lo mejor que pudo pasarme.

-Erais novios, Tenten y yo ya estamos casados, es algo totalmente diferente. -hizo un gesto de impaciencia con el brazo- Venga, dejémoslo estar.

-¿Por qué es diferente? Ahora soy un hombre casado y no veo la diferencia. Sakura y yo seguimos siendo amigos.

-Sakura y tú no os peleáis como el perro y el gato, ella no te desprecia.

-Tenten podría volver a enamorarse de ti, de eso tienes miedo, ¿no? -Sasuke imitó su gesto de impaciencia- O quizá tengas miedo de enamorarte tú de ella.

Esas palabras hicieron que algo saltara en el interior de Neji. Pensó cuántas veces le había arrojado Tenten su amor a la cara, cómo había calificado su lío con Sadako como si fuera amor, y se sintió salvaje y resentido, volcó toda su frustración en cada maldita palabra.

-Amor, amor, amor… -gritó dejando salir, por fin, todas sus emociones- ¡esa palabra me enferma a morir!

El Uchiha lo miró, claramente asombrado por su vehemencia.

-Amor, la gente dice esa palabra todo el tiempo, sobre todo las mujeres y, ¿qué significa? Cuando la mayoría emplean la palabra, significa simple y común lujuria o ceguera idealista, a veces ambas cosas, ¿acaso eso es amor?

-Si no sabes la respuesta, yo no puedo responder a esa pregunta por ti –contestó- Yo sí la he encontrado.

-¿Cómo? -preguntó el Hyuga enfrentándose a él- ¿cómo la has encontrado? ¿Y cuándo?, ¿cómo sabes que era real? Cupido dispara sus flechas, los ángeles cantan y, ¿ya lo sabes? ¿Es eso?

-Cómo puedes hablar del amor con ese desdén. Nunca me había dado cuenta de lo profundo que es tu cinismo, Neji, tú eres mucho más cínico con el amor de lo que yo haya podido serlo nunca, si es que eso es posible.

-No soy cínico con el amor, simplemente soy despectivo, eso es.

“En realidad, no sé lo que es el amor.”

Esa realidad lo dejó helado; contempló a su amigo, mirándolo como si no estuviera allí. En su mente, vio a su mujer alzando un bebé en el aire y riendo. Volvió a invadirlo ese sentimiento extraño y vacío, el vacío que lo había estado persiguiendo como un fantasma las últimas semanas. Ese vacío interior que siempre había dejado de lado y encubierto, pero que siempre había estado allí, por lo menos desde que él tenía conocimiento.

-¿Neji? —la voz de Sasuke interrumpió sus pensamientos- ¿qué te pasa?

-¿Qué? -parpadeó, mirando a su amigo e intentando pensar.

-Estás ahí parado, mirándome como si estuvieras ido, ¿te encuentras mal?

-No -contestó obligándose a decir algo- Quizá sí, no lo sé -inclinó la cabeza tratando de aclarar su mente- Dejémoslo por hoy.

“Pero, en realidad, ¿qué es el amor?”

Daba vueltas a esa cuestión mientras ambos dejaban atrás el gimnasio, cogían sus abrigos y abandonaban la Academia ninja. La bella tarde de invierno se había convertido en una noche nublada y fría. Tomaron una ruta común y al llegar a la bifurcación cerca del parque, dos calles más abajo, el Uchiha volvió a hablar, despidiéndose:

-Neji, piensa en lo que te he dicho. Sugiérele a Tenten que podéis ser amigos.

-Como te he dicho, ella nunca aceptará. Probablemente se reirá de mí.

-Al menos, hazle la sugerencia. Podría ayudaros a estar mejor si pudieras convencerla.

Neji dirigió a su amigo una mirada sarcástica, de medio lado.

-Un hombre y una mujer que salen de la cama pueden volver a ella, ¿es eso?

Sasuke se rió.

-Eso depende de lo buen amigo que seas, ¿no?

-Realmente eres un demonio, ¿lo sabes?

-Por supuesto, puede que esté casado, pero todavía tengo una reputación que mantener.

A pesar de su humor negro, la conversación sarcástica de Sasuke era contagiosa, y Neji no pudo más que reírse mientras se alejaban y emprendían de nuevo la marcha, cada uno ahora por su lado. Debían darse prisa, con el cielo encapotado las lluvias no tardarían en caer.

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Sasuke sonreía para sí; de hecho, era un demonio. Sabía muy bien lo que sentía Neji en aquellos momentos, e iba a ser peor. El Hyuga estaba lo suficientemente desesperado como para intentar mantener una amistad con Tenten. Pobrecillo, la amistad con una mujer que quieres llevar a tu cama de forma tan desesperada puede llegar a ser un infierno en la tierra.

No obstante, normalmente hay que pasar por el infierno para llegar al cielo. Al final Neji podría conseguir el hijo que tanto deseaba y, más importante aún, podría recobrar el amor de su mujer. Sasuke sabía que el valor de eso era incalculable.

Le gustaba Neji, sentía un gran afecto por “la princesa”, y esperaba que aceptara su sugerencia de corazón. Podrían encontrarse felizmente casados para variar.


Ese pensamiento lo hizo sonreír, Sasuke Uchiha desempeñando el papel de celestina, ¿quién lo hubiera pensado?; casi no podía esperar a llegar a casa para contárselo a Sakura.

Neji-Ten: Orilla de lágrima

Capítulo 13 (segunda parte)

Neji estaba relamiéndose las heridas, y no es que le gustara ser masoquista, pero no dejaba de comportarse como el perro apaleado que volvía a por más. Se estaba cansando de ser siempre el villano, de que todos sus intentos por reconquistar a su mujer se quedasen en nada, de fracasar en todo lo que se proponía, ¡ya estaba harto!

No es que esperase que nada más ir a buscarla, después de los últimos siete años transcurridos, lo recibiera con los brazos abiertos y una sonrisa en el rostro como si nada hubiera pasado, pero albergaba la esperanza de que si se veían, de que si hacía recordar a Tenten los buenos momentos que compartieron en vez de los malos, tal vez…tal vez…consideraría la reconciliación y un plan nuevo de futuro juntos, comenzar de cero. Pero lo único que ella estaba dispuesta a darle era su odio, un odio que en vez de mermar, parecía aumentar por momentos.

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-¡Dios mío! ¡Está enorme! - bajó al bebé y lo apretó contra sí mientras se sentaba al lado de su prima, en el banco- Ya no puedo sostenerlo en alto durante mucho tiempo.

-Creo que le encanta que le hagan eso - fue a coger al bebé, pero nuestra princesa lo alejó, quitándoselo de su alcance.

-Déjamelo un ratito –rogó- no he podido cogerlo en todo el día. Lila me dijo que vendríais pero no os esperaba hasta el cumpleaños de Ino, ha sido toda una sorpresa. Me alegro de veros –acompañó las palabras con una inclinación de cabeza hacia Kinto, el marido de su prima.

-Pero ya es hora de cambiarle el pañal.

-Sólo unos minutos -y se puso al bebé contra su pecho, pero éste comenzó a sollozar en su regazo, así que lo puso de pie, cogiendo sus manitas entre las suyas. Los deditos del bebé agarraron fuertemente sus dedos, y un gesto de concentración surcó su frente mientras permanecía de pie en sus rodillas- Ya se tiene en pie -dijo mirándolo- cualquier día de éstos lo vemos caminando.

-Está a punto, se pone de pie, pero cada vez que da un pasito, se cae inmediatamente.

-Estaba haciéndolo esta mañana - se incorporó para mirar a Tenten y a su hijo Okisada- Cuando estaba conmigo en el salón, después del desayuno, se quedó de pie agarrado a la esquina de esa silla azul que tanto te gusta. Cada vez que se caía, volvía a intentarlo. Un chico muy testarudo, este hijo mío.

-Eso no es ninguna sorpresa….él…

El sonido de la verja y pasos sobre la gravilla la interrumpió, y los tres miraron desde el jardín cómo Neji pasaba frente a la casa de Naruto, a unos veinte metros de donde estaban sentados.

La Uzumki contempló al Hyuga saliendo por la puerta principal y cómo atravesaba el parque a pie, con el ceño fruncido, y agradeció que no mirara en su dirección.

-Qué mal aspecto tiene Neji –murmuró- ¿Qué le pasa?¿es que has intentado estrangular a tu marido…otra vez?

-¿Una indigestión? –sugirió Kinto, pues le parecía convincente.

-Ojalá…aunque sospecho que yo soy la causa -habló, dejando que Okisada descansara la cabeza sobre su hombro mientras contemplaba cómo se Neji bordeaba una calle y desaparecía de su vista.

Se preguntó si su marido pasaría la tarde buscando otra mujer para consolarse. A lo mejor, si encontraba una lo suficientemente atractiva, puede que se mantuviera lejos. Ese pensamiento debería aliviarla, pero había algo que lo impedía. Tan sólo consiguió que se le formara un pequeño nudo en el estómago.

-¿Habéis tenido una pelea? –preguntó Kinto, justo en el momento en que Naruto entró por la puerta corredera de cristal para acompañarlos.

-¿Acaso no la tenemos siempre?

Su hermano se aproximó lentamente, la miró y debió de captar cual era el tema de conversación, porque dijo: si vais a hablar de Neji, será mejor que vuelva por donde he venido.

-No vamos a hablar de nada de eso –le aseguró-, mi marido es lo último de lo que me apetece hablar, quédate.

-Venía a avisar a Kinto de que nuestros padres ya se han enterado de que están aquí. –Se giró y miró al mencionado- será mejor que corras y presentes tus respetos, ya lo conoces, la familia ante todo; y si no vas y dejas que te dé la bienvenida no sé qué catástrofes se sucederán. Tiemblo con solo pensarlo.

Tintin no pudo reprimir una carcajada: es una pena que no se le pueda sobornar con unos vales de ramen, ¿eh?

-¡No! ¡Tú también! ¿Es que no hay nadie que no haya sobornado (o intentado sobornar) a mi hermano?

Naruto se puso colorado y los “invitados” volvieron a reírse.

 Bien…-carraspeó- dejando eso a un lado…Tintin para ya de reírte que me pones nervioso –y hacer el comentario tan sólo sirvió para que se riera con más ganas.- poco te va a durar la sonrisa, ¿adivinas quien confirmó que asistiría a esa recepción?

Tintin se quedó muda.

.Exacto, la ex prometida de tu marido.

.¡Esa lagarta! Como la pille le quito los ojos….

-¡Ey! Contrólate –dijo Tenten mientras tapaba los oídos al bebé- que hay menores delante.

-Cariño, no tienes que venir si no quieres, es a mí a quien han llamado llamar. Puedes poner la excusa de que tienes que cuidar de Okisada. –la besó y se dirigió hacia la casa con Naruto y se pusieran al día.

-¿Y dejar a esa pelantrusca el campo abierto para coquetear con mi apuesto marido? ¡Ni hablar!

Naruto, antes de entrar se volvió y concluyó: entonces, si eso te importa, volveré a las siete en punto a recogeros -y se fue dejando a las dos mujeres solas.

-Bueno Tenten, ¿conoces a una buena niñera para dejar a Okisada mientras estamos en casa de tu padre?

-Sí, yo. No pienso ir a esa fiesta. Hoy no es uno de mis mejores días, me siento cansada. Iré a la biblioteca y me entretendré revisando algún que otro tratado. El trabajo es el trabajo.

-Sola ante el peligro ¿es eso? ¿Realmente me vas a abandonar con “la lagarta” quedándote en casa?

-Sí, intentaré pasar una tarde tranquila -respondió, besando la coronilla del bebé- Okisada me hará compañía, es mejor conversador que Neji.

Su prima se rió y después hizo una mueca al ver como uno de los guantes que Tenten llevaba colgando de un bolsillo, salía despedido como una hoja mientras rodaba por el césped.

Tenten se volvió, colocó a Okisada sobre el regazo de su madre y corrió tras el guante. Tenía que alcanzarlo en unos pocos pasos, pero todo el tiempo se le escabullía y volaba más lejos; finalmente, pudo cogerlo por un extremo justo antes de que el viento volviera a llevárselo fuera de su alcance. Se sentó de nuevo junto a Tintin casi sin aliento.

-Es mejor que te lo pongas -le aconsejó.

-No -dijo sujetándolo fuertemente con ambas manos. La prenda le recordaba dónde había estado poco tiempo antes, y la verdad es que no quería pensar más en esa tienda de telas ni en Sadako. Y sobre todo no quería pensar en la conversación que tuvo con su marido, aunque de marido sólo tuviera el nombre. No quería pensar en lo olvidado ( la mermelada de fresas, la forma en que solía besarla en el cuello, cómo la acorralaba por las esquinas y los besos robados, cómo la hacía reír. El cálido deseo de sus ojos y cuánto daño podía llegar a hacerle) pero no había manera de evitarlo.

-Un hilo se ha soltado –dijo mirando el guante que su prima aún sostenía en el regazo- la tela se ha desquebrajado por uno de los lados. No creo que se pueda arreglar.

-Hay cosas que nunca se pueden arreglar.

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Con la discusión aún caliente entre él y su mujer, Neji se apresuró a salir de la mansión Uzumaki; nada mejor que poner tierra de por medio para dejar que sus temperamentos se enfriasen.

En ocasiones como esta, en la que se encontraba sumamente frustrado e irritado (con Tenten, con el mundo y consigo mismo); nada mejor que descargarse en una buena pelea con el primer idiota que se atreviese a provocarlo o, en su defecto, con un saco gigante de arena de la academia ninja que, junto a sus amigos Shino y Lee, regentaban.

Además, los sábados, la Academia estaba cerrada (al menos de cara a los estudiantes); por lo que tendría todo el equipo a su disposición y nadie que le diese la brasa. Así que con esta idea en mente, anduvo calle tras calle hasta visualizar su objetivo.

Se trataba de un edificio a la antigua usanza, paredes de granito negro en el exterior y de mármol blanco en el interior, amén de algunos cercos de bambú delimitando la parcela. Apenas tenía ventanas, pero se compensaba con la añadidura de múltiples puertas correderas de cristal. La planta tenía forma de hache (H) y el tejado a dos aguas se extendía por cada uno de sus brazos, siendo de tan sólo una en el centro; otorgándole una impresión de fortaleza (no siéndolo). El toque de color lo ponían las tejas moradas y rojas formando un entramado ajedrezado.

Neji se preguntaba qué pensaría su mujer si supiese que dirigía tamaño complejo, probablemente se caería sobre su bonito trasero con la boca abierta y los ojos como platos, decidió. Sonrió ante el pensamiento. Tampoco es que alguna vez le hubiese preguntado por lo que hacía en su tiempo libre, por lo que a ella concernía, se pasaba el día de juerga en juerga bebiendo como un cosaco, en peleas sin sentido o bromeando de estupideces con cualquiera que tuviese el humor para aguantarme….y no es que anduviese muy desencaminada, después de todo, los dos años siguientes a la separación fueron éstas mis mayores aficiones; sin embargo, hacía ya largo tiempo que dejaron de serlo. Cierta noche toqué fondo y desde entonces decidí volcarme en algún proyecto que pudiera aliviar mi maltrecha y maldita vida. ¿Lo había conseguido?

Los pinos de los alrededores hacían sombra en el centro del jardín formando la sombra de una mariposa, y una suave brisa movía a su son la hierba del césped. La visión de ese reducto de naturaleza sirvió para evocar de nuevo una imagen que no dejaba de perseguirlo; la de su mujer alzando al pequeño Okisada en brazos, un niño que no era suyo.

Podía ver a Tenten tan claramente como si la tuviese allí delante, su risa, su fragancia a jazmín, su brillante melena meciéndose suavemente, aquella mirada de ternura,…y le provocó una enorme quemazón interior. Pese a todos sus esfuerzos por tenerla cerca, pese a haber conseguido hacerla reír ocasionalmente, ella no se encontraba más próxima de perdonarlo de lo que el primer día. No había cambiado lo más mínimo con él, seguía siendo la “Diosa de hielo” que lo miraba por encima del hombro como si no fuera más que una viruta de polvo, como a un estorbo. ¿Algo de lo que hacía la afectaba?

Pensó en los padres de Okisada, sentados en un banco del parterre frente a la casa de Naruto, en la forma en que se miraban el uno al otro, en la manera en que sus manos se entrelazaban, cómo Tintin apoyaba la mejilla en el hombro de su marido o cómo éste la arropaba con el brazo libre. Y fue dolorosamente consciente de que jamás tendría algo como lo que aquellas dos personas lograron.

Tenten nunca volvería a observarlo con rayana adoración o con renovado respeto; ya no quedaba dulzura o ternura en sus ojos, no para él. ¡Diantres! ¡Pero si ahora tan sólo se conformaría con que no lo mirase con aborrecimiento!

Neji hizo una mueca burlona, medio de tristeza y medio de ironía. Miró hacia el cielo encapotado y observó como un puñado de aves emprendieron su vuelo; si tan solo….pero tendría que satisfacerse con ello, no le quedaba más remedio.

Después de echar otro vistazo rápido a su alrededor se escabulló hacia el interior de la Academia. Mañana terminaría el plazo de las tres semanas para empezar su convivencia diaria; en el que habría de haber sido su hogar, y no sabía si estaba en punto muerto con Tenten o si había dado un paso hacia atrás, pero de ninguna manera tiraría ahora la toalla.

Lo bueno no estaba más que por empezar…. las cosas entre ellos ya habían ido bastante mal, así que por lógica de ahora en adelante tan sólo podían mejorar ¿no?

Neji-Ten: Orilla de lágrimas

Cap. 13: El príncipe destronado



¡Maldición! Neji cruzó la tienda de telas en busca de su mujer, pero en el tiempo en que tardó en rodear el mostrador, dos mujeres cargadas de paquetes bloquearon la puerta delante de él, cada una insistiendo en que la otra pasara primero. Tuvo que esperar hasta que lograron decidir cuál era el orden apropiado de salida; cuando consiguió salir de la tienda, le pareció que había pasado una eternidad. Alcanzó el paseo justo a tiempo para ver a su mujer doblar la esquina hacia la casa de su hermano, caminando todo lo de prisa que podía.

-Tenten, ¡espera! –gritó.

Corrió tras ella, llamándola por su nombre, indiferente ante las miradas de la gente que pasaba a su lado, sin preocuparse de si eran nobles o no; al fin y al cabo, una “princesa” no gritaba ni corría.

La alcanzó en la esquina, donde Ketaro y Kyrian la esperaban apoyados en un muro, el primero con los brazos cruzados y el rostro inalterable, y el segundo piropeando a una transeúnte todo sonriente, como el gato que se come el canario.

-¿Adónde vas?

-A casa.

La detuvo cogiéndola del brazo.

-La casa de Naruto no es tu hogar.

-Ahora sí -dijo librándose de su mano, y continuó caminando- y lo será siempre, si me dejas.

-Podemos hablar de ello.

-¿Ahora quieres hablar en vez de huir? -y sin mirarlo, añadió- eso no era lo que solías hacer antes. Pero, no. No quiero hablar porque no hay nada que decir. No quiero verte, no quiero pasar tiempo contigo. No quiero elegir telas para tu biblioteca. Quiero que te vayas y me dejes en paz. ¿No te gusta Hanabi como heredera? ¡Es tu problema, no el mío!

Llegaron al final de la calle y se dispusieron a cruzarla, pero un carro estaba pasando y él tuvo que agarrarla para que no la atropellara.

-¡Ten cuidado, Tenten, por Dios!

Esperó hasta que hubo pasado el carro e intentó cruzar de nuevo, esta vez mirando lo que estaba haciendo. Él la siguió hasta el otro lado del camino pero, cuando ella se dirigió a la plaza, él se detuvo y contempló cómo se marchaba, esperando a ver si, al menos, volvía la cabeza y lo miraba. Pero no lo hizo.

Se preguntó si debía seguirla, si debían hablar, pero tal y como ella había señalado con precisión, no había nada que decir. Él vio cómo cruzaba la plaza hasta la casa de Naruto, y dio un puñetazo de frustración al aire. “¡Maldita sea, justo cuando empezábamos a estar bien juntos!”

Encontrarse con Sadako era lo peor que podría haber pasado. Tampoco ayudaba preguntarse si eso iba ocurrir cada vez que salieran juntos. Pues en su caso, no tenía ninguna disculpa.

“Claro, te vas, como siempre.”

No esta vez. Neji cruzó la plaza y entró en la casa justo cuando ella estaba llegando a lo alto de la escalera de caracol.

-Tenten, ¡espera!

No se detuvo.

-Ahora, ¿quién es la que se va? -le gritó

Sus palabras resonaron en la escalera, pero no hubo respuesta. Ignorando las curiosas miradas de los sirvientes, Neji subió los escalones de dos en dos, corriendo para alcanzarla, aunque no lo consiguió hasta llegar al corredor de la segunda planta. Llegó justo a tiempo para que le cerrara la puerta en la narices, pero él la abrió antes de que ella pudiera pensar siquiera en cerrarla con llave.

Era el dormitorio de su mujer. Yumi, estaba en la habitación, colocando unos vestidos sobre la cama.

-Yumi -dijo silenciosamente- déjenos un momento

-No, Yumi, quédate dónde estás.

Neji no replicó, pero la empleada sabía que no era necesario. Podría ser la familia Uzumaki quien le pagase sus honorarios, pero también estaba al tanto de la situación de “su princesa”, los rumores no corren, vuelan. Hizo una breve inclinación de cortesía a ambos y salió.

-¡Cómo te atreves a seguirme hasta mi habitación y ordenar a mi ayudante que se vaya! -gritó en el momento en que se cerró la puerta- ésta no es tu casa. ¡Fuera de aquí de una vez por todas o le diré a Naruto que te eche!

-Ocultarte tras las faldas de tu hermano no va a resolver nada.

-¡Fuera! ¡Vete y encuentra alguna compañía femenina por ahí!

-Eso es algo que no voy a hacer nunca más. ¡Por Dios!, no, no voy a estar en guerra continua contigo, ni a permitir que me eches en cara cosas que ya no puedo cambiar. No hay nada que pueda hacer respecto al pasado, nada que pueda decir.

-¿Cómo que no puedes decir nada? ¿Por qué no intentas algo ingenioso, algo inteligente, algo que me haga reír para que olvide la situación tan desagradable que he pasado? ¿Acaso no es lo que siempre hacías?

Eso lo dejó cortado, pero se negaba a permitir que viera lo mucho que le dolía.

- Aunque te parezca extraño, cariño, no puedo pensar en nada ingenioso, y ahora mismo no está en mi mano hacerte reír. Me gustaría poder hacerlo, pero no hay nada que pueda decir de Sadako, Matsuri, Ino o cualquier otra mujer con la que haya estado. Vas a tener que aguantarlo.

-Simplemente olvidar y perdonar, ¿es eso? Qué conveniente para ti.

-¿Quieres que te hable de Sadako para que tengas más razones para despreciarme? -preguntó frustrado ante la pequeñez de todos sus esfuerzos- ¿eso es lo que quieres?

Ella no contestó.

-A algunas de las mujeres con las que me he acostado nunca las busqué -continuó, alentado por su silencio- como Matsuri Sato, ella me utilizó y yo a ella. Puede parecer sórdido, pero es así. Sadako era diferente; ella y yo estuvimos juntos por una cosa en común, la soledad de nuestros matrimonios vacíos, sin sentido.

El dolor surcó su rostro, un dolor que a él también le hizo daño, pero no se calló: -Sadako y yo nos consolamos mutuamente, créeme, ambos necesitábamos consuelo.

-¡No! - se tapó los oídos- no quiero oírlo.

-Tienes que escuchar, puesto que tú lo has querido y me torturas con ello. Sadako y yo fuimos amantes durante un año, ella era una compañera dulce y cariñosa, una mujer adorable. Y ambos lo disfrutamos exactamente por lo que era y el tiempo que duró.

-Ya es suficientemente duro que tenga que ver a tus amantes por todas partes, pero no tengo por qué quedarme aquí escuchándote hablar de ellas.

Trató de esquivarlo, pero le cortó el paso.

-¿Por qué no? ¿Realmente te importa? -pudo ver el dolor en su rostro y supo que él era la causa, pero eso tampoco lo detuvo. Fue más lejos aún, sintiéndose seguro, cruel y, maldita sea, culpable- ¿acaso las reinas de hielo necesitan a alguien alguna vez?

Ella volvió el rostro. De perfil, él pudo ver cómo le temblaban los labios, apretados en una línea fina.

-Puedo decir que mi romance con Sadako no significó nada, porque eso es lo que los hombres siempre les dicen a sus mujeres, pero sería mentira.

-Como si mentir fuera tan difícil para ti…

-Es cierto que nada no fue; pero no fue amor ni algo parecido. Sólo dos personas solas que se gustaban y necesitaban calor y contacto humano.

-¡Sadako estaba enamorada de ti!

-Tonterías

-No son tonterías. Ella estaba loca por ti y todo el mundo lo sabía, todos salvo tú.

Su mujer hizo un intento de volverse, pero él la agarró por los hombros.

-No era amor, Tenten, era lujuria y alguien con quien conversar después, una manera de aguantar la soledad, y eso fue todo.

Ella inclinó la cabeza sin creerlo, pero no lo miró. Él le agarró la barbilla y alzó su rostro, viendo cómo brotaba una lágrima, que cayó en su mano y le quemó la piel como si fuera ácido.

-¡Dios santo!

Se alejó de ella y retrocedió hasta la ventana, odiándola por los siete años de distanciamiento entre ambos, odiándose a sí mismo aún más por haberle dado tantas razones para ello.

-¿Qué quieres de mí? diablos, ¿qué es lo que quieres?

-No quiero nada de ti, eres tú quien quiere algo, algo que yo no puedo darte. El amor se fue, Neji, y no puedes hacer que vuelva; algunas cosas, simplemente, no se pueden arreglar.

Dicho esto, dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta.

-Cuántas veces tendré que decirlo, no puedo hacer nada por el pasado.

-Sí, sí puedes -se irguió en el umbral y se volvió- puedes aprender, yo lo hice, aprendí a no volver a confiar en ti.

Dicho esto, se fue.

Él se recostó en la ventana y contempló su lecho en la casa de su hermano y el vestido verde musgo que estaba encima de él, y su risa de unos momentos antes retumbó en su mente. Él habría sacado telas de colores horribles para decorar toda su casa para ver si ella sonreía. Pero ahora se daba cuenta de que eso no serviría de nada.

Dio la espalda a la cama y miró por la ventana, luchando contra el deseo de atravesar el cristal con la cabeza.

-Maldita sea -murmuró recordando las duras palabras que había dicho momentos antes- maldita sea, maldita sea.

Eso mismo había ocurrido antes muchas veces, cuando Tenten se tornaba fría y él se enojaba, cuando ella se sentía herida y él también, cuando ella no podía perdonar y él lo mandaba todo al infierno. Se marchaba y encontraba a otra mujer que no lo juzgase, que no lo partiera en pedazos y que no lo odiara. Quizá ella tuviera razón: algunas cosas eran irreparables. No importaba lo que él dijera, hiciera o intentara hacer, nunca sería suficiente. Podría aceptar los votos del celibato ahora mismo e ingresar en un monasterio el lugar más recóndito, pero no sería suficiente. Mientras él siguiera respirando, nada sería suficiente, al menos para Tenten.

Una pareja que paseaba llamó su atención, y se dio cuenta de que eran Tintin y Kinto Uzumaki. Paseaban juntos por el sendero al final del parque oval que había frente a la casa; el propio Kinto empujaba un cochecito de bebé. Estaban sacando de paseo a su hijo Okisada, y Yumi, quien por lo visto ahora también era la niñera, trotaba unos cuantos pasos por detrás.

Había conocido a ese matrimonio en su boda con Tenten, sabía que Tintin era la prima de su mujer, pero era raro verla por la villa en esta época del año, y más con Okisada a cuestas. Tintin era un demonio de mujer, no entendía como Kinto la aguantaba, el tipo le caía bien.

Neji contempló cómo se detenían al lado la verja de hierro forjado. La morena sacó al niño del carrito, y se sentó sosteniendo al bebé en sus rodillas, agarrándolo por la cintura. Su marido se sentó al lado de ella, pasando un brazo tras la verja, detrás de su mujer. Eran como cualquier otra apareja afortunada, felizmente casada, riéndose y hablando, hablándole a su bebé durante una salida al parque. Eran una familia.

Entonces apareció Tenten, cruzando el parterre frente a la casa para unirse a ellos. Llevaba la bufanda en la mano, se había quitado los guantes y el abrigo y su cabello suelto refulgía bajo el sol. Se detuvo ante la verja, la bufanda cayó al césped y tendió los brazos para coger a Okisada del regazo de su madre. Ella se lo acercó en el aire, alzándolo por encima de su cabeza, dando un lento giro mientras se reía, con la cabeza hacia atrás. Algo tan duro y doloroso como un puñetazo le estalló a Neji en el pecho.

Trató de recomponerse, pero se sintió paralizado. Posó las manos contra el cristal, enmarcando su rostro, y miró cómo su mujer sostenía un bebé que no era hijo de él. Nunca se había sentido más desamparado, más furioso o más necesitado en su vida. Quizá debería decírselo a Tenten, pensó. Sin duda, su dolor la reconfortaría.